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30
Junio
2020
La “nueva normalidad” de los sistemas de pago

En el momento de escribir estas líneas el mundo entero se debate entre la necesidad de afrontar con éxito el regreso paulatino a la actividad económica y el riesgo de sufrir un repunte de los contagios y las muertes debido al abandono del aislamiento de una parte importante de la población. Al conjunto de fases que se han fijado para la vuelta a la “inexplorada normalidad” se le ha llamado “desescalada”, un eufemismo que no tiene mucho sentido ya que no deberíamos tildar de reducción o disminución a un proceso que debería tener la voluntad de, precisamente, recuperar el crecimiento mediante acciones “escalables” o incrementales que permitieran devolver los ratios de progreso a unas cifras soportables; incluso alejándonos de la “normalidad pre-Covid19” ya que estaba protagonizada por un proceso de crisis o crecimiento negativo (otro eufemismo)

No existe un criterio claro para poner de acuerdo a analistas y administradores públicos en cuanto a si la recuperación tendrá forma de “U” o de “V” (simétricas o asimétricas), o de “L” prolongada (en este caso, la situación apuntaría más a una fuerte recesión o, esperemos que no, a una depresión compleja de gestionar). Pero sí existe un generalizado deseo de minimizar el impacto de la caída del PIB de todos los países al haber frenado de golpe los sectores productivos y haber orientado todos los esfuerzos a la salvaguarda de las vidas de los ciudadanos en los ámbitos sanitario y científico.

Una de las cuestiones que ayudarán a reducir el impacto económico derivado del estado de alarma es ampliar el uso de las soluciones de pago disponibles a todos los sectores, de manera que el ecosistema de pagos digitales contribuya con eficiencia a agilizar la vuelta a la normalidad de empresas y comercios y, por otro lado, ayude a los consumidores a evitar el miedo al contagio durante el uso de dinero efectivo y a ampliar sus opciones de acceso a la diversidad de ofertas que los comercios van a poner en marcha, tanto en canales físicos como virtuales. La adopción por necesidad de las aplicaciones disponibles para realizar compras de manera “segura” acelerará también la creación de nuevas soluciones por parte de entidades financieras, de pago, de dinero digital y de los nuevos actores que están apostando con energía en este ecosistema (Fintech, Neobancos y Challenger Banks).

Todo apunta a que la cooperación entre todos estos actores ha de ser más necesaria que nunca para explorar las oportunidades que van a surgir de las necesidades de pequeñas y medianas empresas que han de afrontar pérdidas ocasionadas durante el periodo de confinamiento y que deben resolver cómo será su actividad al “levantar la persiana” en un nuevo entorno de restricciones en el aforo y de disminución de oportunidades de venta por contacto o canal directo.

No obstante, la necesidad de uso de los canales digitales ha ayudado a la industria financiera en general a potenciarlos dando una respuesta rápida para no perder su capacidad de atención eficaz y segura de sus clientes, ampliando los servicios de banca electrónica y de aplicaciones móviles. De hecho, las transacciones en ambos canales se han incrementado, así como las descargas por parte de clientes que no hacían uso de ellas para gestionar sus cuentas. Pero también se han incrementado las altas de clientes en aquellas entidades que no tienen sucursales y que su modelo de negocio es 100% digital, de la misma manera que los proveedores de servicios de pago han consolidado sus posiciones atendiendo con seguridad y resistencia el incremento de transacciones de comercio electrónico producido por el cierre de grandes superficies y por la ansiedad de compra de bienes de primera necesidad generada al principio de la crisis.

A nivel global, no obstante y de acuerdo con el informe publicado por McKinsey, se prevé una caída entre el 8% y el 10% de los ingresos totales en el supuesto de que la actividad económica se mantenga en suspenso o regrese tímidamente junto con el miedo a repuntes en el avance del virus. Lo cual, aunque se realicen esfuerzos en las políticas fiscales y monetarias, ha implicado la retracción de los inversores en su apuesta por los proveedores de servicios de pago.

La contracción del PIB de todas las economías implicará también la caída del volumen de las transacciones de pago y, consiguientemente, del margen de interés neto a niveles ya experimentados en la anterior crisis del 2008. Lo cual supondrá un reto para poder estabilizar la situación en un escenario donde las operaciones transfronterizas, de valores, de pagos a minoristas y a empresas de servicios caerán por las razones aludidas anteriormente. Los crecimientos vendrán determinados por los pagos sin contacto y, sobre todo, por la adaptación de los procesos operativos de los proveedores de pago para conseguir una mayor integración de la estructura de la industria financiera poniendo el foco en el apoyo a las personas, de manera que se universalice el acceso a las nuevas tecnologías con herramientas inclusivas y fáciles de usar para así mantener el flujo de liquidez y el reinicio de la actividad productiva de empresas y comercios.

 

José Manuel Navarro Llena

CMO MOMO Group

Publicado en el Nº 57 de IT USER (págs. 105-107)

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