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20
Mayo
2020
Banca post-Covid19.

Heródoto sentenció, hace 25 siglos, que debíamos guiar nuestro aprendizaje sobre la base del dolor (“pathemata mathemata”), para que los sufrimientos y errores se constituyeran en enseñanzas a través de las cuales alcanzar el conocimiento y la perfección. Una situación adversa puede ofrecer la oportunidad de convertirse en un riguroso banco de pruebas con el que superar las limitaciones, transformar el carácter, ordenar las prioridades y ajustar la visión del mundo a las posibilidades que ofrece una nueva realidad, no solo la exterior sino la que ha fortalecido un interior salvado de un destino incierto.

Son muchas las voces que aconsejan aprovechar estos momentos de desazón mientras que en la calle muchos profesionales se juegan la piel cada día por los que no somos esenciales; por ello, tenemos el deber de cambiar la escala de valores para otorgar a cada profesión la valía que realmente le corresponde en una sociedad en la que todos somos interdependientes. En situaciones como la actual, uno de los sectores que está jugando un papel crucial es el financiero y, adicionalmente, los ecosistemas de pagos electrónicos. La banca ha sabido reaccionar manteniendo su actividad, adoptando soluciones para mitigar la presión deudora sobre sus clientes e intermediando en la oferta de financiación pública para las empresas y, sobre todo, aprovechando los avances que habían realizado en la digitalización de sus servicios. Por otro lado, los sistemas de pago han demostrado ser estables, confiables y resistentes al incremento de transacciones en comercio electrónico y en tarjeta por la no utilización del dinero efectivo.

Desde el auge de la pandemia por el Covid-19, los entornos financieros y de pagos se han mantenido estables a pesar de la enorme perturbación económica que ha supuesto la parada de la actividad productiva y el incremento desatado del desempleo; pero, a la larga, el bloqueo generalizado de la economía puede repercutir sobre esta industria a no ser que demuestren una gran capacidad de innovación y empuje para transformar la nueva “normalidad” a la que hemos de enfrentarnos en, esperemos, dos o tres meses.

Hacer proyecciones sobre el comportamiento de la economía es arriesgado ya que todo dependerá de la compleja interacción entre las diferentes actividades, del panorama de los tipos de interés y las pautas de liquidez asociadas, de la evolución del comportamiento individual y colectivo, y de la eficacia de la respuesta fiscal, monetaria y pública que adopten los bancos centrales (McKingsey). Es previsible que el sector de los pagos refleje la caída de las transacciones transfronterizas por la recesión de la hostelería, el turismo y el comercio minorista, la recuperación del comercio de primera necesidad local y el estancamiento de las cadenas de suministro globalizadas. El efectivo también se ha puesto en cuarentena a favor de los pagos sin contacto, sin embargo, es necesario abordar estrategias innovadoras para consolidar este uso de conveniencia temporal y plantear alternativas a la recaudación y gestión de efectivo.

Por su parte, el sector financiero tendrá que dar el salto definitivo para igualar los estándares digitales de las Fintech y ambos tendrán que apoyarse en el uso de tecnología Blockchain, Inteligencia Artificial y Ciencia de Datos ligada a la economía del comportamiento para aportar soluciones personalizadas y automatizadas a unos usuarios que han acelerado su proceso de adopción de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos, y que demandan la aportación de un mayor valor en la experiencia de uso y un sentido diferente acerca de la propiedad de su dinero, más allá de la satisfacción de una necesidad financiera.

Además, este sector tendrá que aprender de la experiencia “asiática”, en la que las grandes empresas han dejado a un lado las previsiones macroeconómicas para tomar decisiones en el “muy corto plazo” para adaptarse a un mercado que ha tenido que reaccionar con urgencia ante la gravedad de la situación. Sus equipos operativos han focalizado la atención en la toma de datos en tiempo real del comportamiento de sus clientes y de las variables externas que condicionan su conducta de compra y sus expectativas financieras, de manera que obtienen el mapa real de los procesos microeconómicos que determinan la trayectoria de su economía en un modelo “one to one” que se construye diariamente.

 

José Manuel Navarro Llena

CMO MOMO Group

Publicado en el Nº 56 de IT USER (págs. 101-102)

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